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La apnea obstructiva del sueño es una patología respiratoria que se caracteriza porque las personas que lo padecen roncan habitualmente, tienen paradas de la respiración (apneas) de forma repetida y somnolencia durante el día. Como consecuencia, los pacientes que la padecen no pueden descansar bien durante las horas de sueño.

Los ronquidos son la manifestación más visible que puede alertar al paciente sobre la posibilidad de tener apnea del sueño. Las personas que padecen la enfermedad normalmente empiezan a roncar muy fuerte después de quedarse dormidos. Además, éste se interrumpe durante un periodo de silencio mientras el paciente sufre una apnea. Ese periodo de silencio va seguido de un resoplido con jadeo mientras el paciente intenta volver a respirar.

Como consecuencia de los episodios, el sueño del paciente no es reparador y aparece somnolencia diurna, presencia de fatiga crónica e incluso alteraciones respiratorias y cardiovasculares. La persona con apnea suele levantarse con frecuencia para ir al baño, se despierta frecuentemente con la boca seca y al día siguiente nota cansancio, dolor de cabeza y se queja de la alta probabilidad de dormirse en situaciones inapropiadas, mientras conduce, lee o asiste a reuniones de trabajo.

Además, los pacientes con apnea pueden tener depresión, hinchazón de piernas o ser hiperactivos.

Un estilo de vida correcto puede reducir los síntomas de este síndrome.

En el caso del sobrepeso, las personas que lo padecen tienen tejido adicional en la parte posterior de la garganta, lo que bloquea el flujo de aire e induce la apnea. De este modo, perder peso ofrece la posibilidad de abrir la garganta y, por lo tanto, reducir estos síntomas. De hecho, los expertos afirman que, en algunos casos, combatir el sobrepeso de manera significativa podría llegar incluso a curar la enfermedad.

El papel del ejercicio físico en la gestión del síndrome de la apnea obstructiva del sueño no está tan claro. Aún así, los expertos señalan que algunos pacientes sí suelen informar de una mejora de los síntomas.

Lo cierto es que una actividad física regular puede ayudar a dormir más rápido y de forma más profunda, reduciendo el número de veces en las que el afectado por la enfermedad se despierta cada hora y los episodios de apnea. En definitiva, el ejercicio físico podría funcionar como estrategia de tratamiento complementaria para las personas que sufren este síndrome de leve a moderado.

Actualmente la odontología se ha ocupado de la apnea en pacientes con índice bajo y ha desarrollado un tratamiento contra la apnea del sueño basado en dispositivos de uso fácil y cómodo que mejoran sustancialmente la calidad de vida de los pacientes: Férula de adelantamiento mandibular

Su mecanismo de acción se basa en un adelantamiento controlado y confortable de la mandíbula, mediante el incremento del tono muscular a nivel de la vía aérea, de esta forma  sencilla se facilita el paso de aire ayudando a eliminar el ronquido y mejorando los episodios de apnea del sueño que se traducen en una notable mejoría en  la calidad de vida de los pacientes.

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