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El tabaco es una de las sustancias más mortíferas y dañinas para el organismo. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) mata cada año a 7 millones de personas. Fumar es sumamente nocivo, pero el humo también perjudica a los conocidos como “fumadores pasivos”. El tabaquismo aumenta enormemente las probabilidades de desarrollar algún tipo de cáncer, especialmente de pulmón. Pero sus efectos nocivos no se quedan ahí, al centrarnos en la salud bucodental, sus efectos son extremadamente dañinos para la boca.

Consecuencias del tabaco en los dientes y encías

Dientes amarillos: la nicotina, componente principal del tabaco, junto con otros, repercuten en la tonalidad del diente. Se vuelven amarillos o marrones debido al sarro que comienza a formarse dando un aspecto de enfermedad y poca higiene.

-Encías enfermas: fumar reduce el flujo sanguíneo de las encías. Al haber menos oxigeno circulando por ellas, sus tejidos se debilitan y enferman.

-Gingivitis y Periodontitis: como consecuencia del empeoramiento de las encías, sangran y se inflaman. El sarro que se va acumulando provoca que las encías sangren y estén inflamadas (gingivitis). Si esto permanece en el tiempo sin tratamiento, desemboca en periodontitis, una enfermedad grave que destruye los tejidos de sostén del diente.

-Aumento de la placa dental: estudios recientes han demostrado que el tabaco refuerza los biofilms bacterianos. Se trata de las comunidades de bacterias que se adhieren a los dientes y se fortalecen con esta unión.

-Cáncer oral: al fumar, las sustancias nocivas del tabaco pasan directamente a la boca y causa lesiones en las mucosas orales (además de en los dientes y encías como se ha mencionado). Según los estudios, los fumadores tienen un 25% más de probabilidades de desarrollar este tipo de cáncer.

Caries: como favorece la placa dental, favorece el crecimiento bacteriano por tanto. Las bacterias adheridas a los dientes paulatinamente destruyen el esmalte y provocan la caries.

-Mal aliento: el tabaco altera la flora bacteriana como, ya se ha mencionado, y también favorece la sequedad bucal. Estos dos factores provocan la proliferación de las bacterias saprófitas, que descomponen los restos de comida o sangre que haya entre los dientes. Dichas bacterias, al descomponerlo, generan un compuesto derivado del azufre que desprende un olor muy desagradable.

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