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Todos sabemos que las navidades son fechas de celebración…y de excesos.

En muchas ocasiones, nuestra boca y nuestros dientes acaban sufriendo las consecuencias. Es por ello que os damos unas recomendaciones para que vuestros hijos no terminen las vacaciones de Navidad sentados en alguno de los sillones de nuestros gabinetes…

  1. Asegúrate de que se cepilla los dientes. En muchas ocasiones, comer o cenar fuera de casa e incluso trasnochar son una excusa para no cepillarnos los dientes. Es frecuente que estos días, que volvemos tarde y con nuestros hijos dormidos en el coche, pasemos por alto el cepillado antes de dormir. Sin embargo, éste es el más importante del día. Recuerda que la saliva actúa como un protector de los dientes, ya que ayuda a eliminar las bacterias y, por la noche, la producción de saliva baja, por tanto, los dientes se vuelven más vulnerables.
  2. Controla su consumo de dulces. En general, a los niños les encantan los dulces. Si te ves obligado a controlar su ingesta todo el año, más importante aún es hacerlo en Navidad. Hay más tentaciones que de costumbre (turrón, mazapanes, polvorones) y todas ellas provocan caries. Una buena idea es aprovechar la Navidad para preparar dulces caseros en familia y pasar un rato divertido junto a tus hijos. Si dejas a un lado la producción industrial, puedes utilizar menos azúcar y adaptar las recetas a ingredientes más saludables -como la leche- o a los gustos de tus hijos.
  3. Adviértele de los peligros de comer alimentos duros o pegajosos. Las urgencias y los accidentes con nuestros dientes (fracturas, daños en los empastes…) son muy frecuentes en Navidad. Para evitarlos, es importante que tus hijos tengan cuidado al morder turrón o frutos secos duros o pegajosos. Y si tu hijo lleva brackets -algo muy frecuente entre adolescentes-, debe tener especial cuidado, ya que éstos se pueden despegar.
  1. Buscar alternativas a los refrescos. El consumo de bebidas carbonatadas o azucaradas es muy dañino para los dientes: dañan el esmalte y aumentan el riesgo de padecer caries o sensibilidad dental.
  2. Acostúmbrale a visitar regularmente al dentista. Si tu hijo se familiariza con las visitas regulares al odontólogo, será menos probable que padezca problemas bucodentales o desarrolle fobias al dentista que comprometan su salud.
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